jueves, 25 de agosto de 2016

Lucas Cranach el Viejo



(Cranach, 1472-Weimar, 1553). Pintor y grabador alemán. No hay certezas sobre los comienzos ni la formación de este artista, del que no conocemos obras seguras hasta su llegada a Viena entre 1501 y 1502, cuando ya tenía unos treinta años de edad. De esos tiempos son sus primeras piezas conocidas, pinturas religiosas de pequeño tamaño y poderosa expresividad. Contemporáneamente comienza a producir estampas que, partiendo del ejemplo de Durero, consiguen transmitir un intenso impacto emocional. 


En Viena goza de estrecho contacto con varios de los más reconocidos humanistas de la ciudad, a los que a menudo retrata con una alta dosis de veracidad acompañados de sus atributos simbólicos más queridos. En la obra religiosa de los años siguientes, el dramatismo de las composiciones, preferentemente diagonales y oblicuas, se refuerza a ­través de las líneas quebradas con las que se forman los personajes, recorridos por una angustia tanto física como psíquica. A la vez, hay que destacar su maestría a la hora de reproducir el paisaje, insertando frecuentemente a sus figuras en un entorno de gran exuberancia vegetal. En 1504, Cranach es reclamado a Wittenberg para trabajar al servicio del príncipe elector de Sajonia Federico el Sabio, comenzando una carrera como pintor de corte que continuaría en el servicio de tres diferentes electores.


 A partir de aquí, su prestigio fue enorme en la ciudad, y los elogios y prebendas se sucedieron paulatinamente. En 1508 se le concedió un escudo de armas, una serpiente alada que se convertiría en la firma personal para sus obras. En diversos escritos fue aclamado por sus amigos humanistas, que le comparaban a los pintores de la Antigüedad, parangonándole a Apeles, Parrasio o Zeuxis. En 1508 realizó un viaje diplomático a Holanda, e incluso llegó a ser nombrado burgomaestre de Wittenberg en tres ocasiones entre 1534 y 1540. 


Su situación económica también era próspera, pues a sus ganancias como cortesano y pintor independiente, se unían sus trabajos editoriales en la producción de estampas además de otras diversas actividades mercantiles. Para dar abasto a la enorme producción de obras que se le reclamaban -sobre todo para componer las decenas de retratos principescos que la corte le exigía-, formó un numeroso taller, en el que también trabajaba su hijo Lucas. Su amistad con los reformadores cismáticos lo colocó en una posición ideal a la hora de participar en la crea­ción de la nueva iconografía protestante y la traducción en imágenes de la naciente doctrina.


 Sus estampas sirvieron como apoyo a las palabras de los doctores protestantes en sus debates teológicos, e incluso proporcionó imágenes para la traducción de la Biblia de Lutero, parte de la cual se editó en la imprenta que había hecho instalar en su propia casa. Su amistad y cercanía a Lutero también sirvieron para que se convirtiera en el divulgador de su efigie con la realización de retratos tanto en pinturas como en estampas. Todo ello no le impediría, sin embargo, seguir recibiendo encargos desde el bando católico, especialmente por parte del cardenal Alberto de Brandenburgo. También es de destacar su poética del desnudo, crítica y provocadora hacia los ejemplos de la Antigüedad que se admiraban en la pintura italiana. 


Los cuerpos aparecen sumergidos en una naturaleza frondosa tanto en celebraciones líricas de la Edad de Oro perdida como para servir de admonición moral ante los vicios, especialmente con figuras femeninas que se debaten entre la inocencia y la seducción. El príncipe protestante Juan Federico de Sajonia, para el que trabajaba el pintor, fue derrotado y capturado en 1547 en Mühlberg por Carlos V, y cuando fue liberado en 1552, se dirigió a Weimar, donde Cranach se le unió. Allí moriría al año siguiente. En el Museo del Prado se conservan cinco obras de Lucas Cranach. Tres de ellas proceden de las colecciones reales y forman una serie sobre la Cacería en honor de Carlos V en el castillo de Torgau. Dos aparecen firmadas en 1544 y 1545, mientras la tercera es una copia. Una de las tablas se encontraba entre los bienes que María de Hungría trajo a España en 1556, mientras que la otra se cita en posesión de Carlos V en 1545. En 1636 se encontraban en el Alcázar de Madrid, mientras que en 1746 se sitúan en el palacio de La Granja. Existen otras dos de estas tablas en Viena y otra más en Estocolmo. En 1988 el Prado adquirió otra obra de Cranach: la tabla Virgen con el Niño Jesús, san Juanito y ángeles, firmada en 1536, que perteneció a la colección de la duquesa de Valencia. Además, en 2001 el Prado adquirió la tabla que inicialmente se consideraba como Retrato de caballero y que hoy se sabe que se trata, sin duda, del Retrato de Juan Federico el Magnánimo.

Museo del Prado

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